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Leyenda del Palacio de los Vélez

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Existe en la ciudad de Jaén un interesante edificio del siglo XVII, que cuenta con una hermosa fachada, decorada con escudos nobiliarios y con un recoleto jardín, que es conocido como Palacio de los Vélez, en la actualidad sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Jaén. Se encuentra este Palacio junto a la calle Valparaíso, conocida popularmente como Callejón de la Mona.
 
Nos cuenta una leyenda, que habitaba en este palacio una muy ilustre y adinerada familia de Jaén. Tenía esta familia una hermosa hija, que reunía las mejores virtudes que pudiera ostentar una doncella casadera de la aristocracia del momento. Esta hermosa dama, acostumbrada a tratar a todo el mundo como a iguales, sin darle importancia a su clase social, portaba en su cotidiano vivir la sencillez propia de una santa. Esta actitud hizo que conociera de primera mano las grandes necesidades de las clases más humildes del Jaén de aquellos tiempos. Muchos fueron los pretendientes de la aristocracia jiennense que aspiraron a obtener su mano. 
 
Un día, la hermosa dama, con su habitual sencillez, entró en una extensa conversación con un plebeyo humilde, posiblemente un subordinado de la casa. La inocente muchacha entabló sin darse cuenta una gran amistad con él, encontrando en el humilde joven una serie de grandes virtudes, que no había conocido antes en la mayoría de los grandes nobles con los que habitualmente se relacionaba. La chispa del amor hizo mella en el corazón de ambos jóvenes. Unidos por el más secreto de los amores, disfrutaron durante un tiempo el uno del otro, hasta que un día, el orgulloso padre de la joven dama, descubrió esta relación amorosa, que para él era una verdadera humillación y vergüenza, razón por la que de inmediato pensó en aplicar una drástica solución.
 
El padre decidió encerrar a su hija en la alcoba más alta de una torre que en aquel entonces tenía el palacio de los Vélez, levantando un muro en la puerta de la alcoba y dejándola absolutamente incomunicada con el exterior. Desde entonces, dicen que olvidaron a su hija, como si hubiera muerto, dejándola encerrada e incomunicada, para que nadie supiera de la grave afrenta que, según sus padres, había hecho la joven dama a su noble casa. Nos cuenta esta leyenda que el joven enamorado, transido de dolor, acudía todos los días al pie de la torre donde estaba encerrada la joven, y que ella, a través del pequeño orificio que tenía en la pared de su prisión, lanzaba a la calle mensajes de amor al plebeyo, escritos en las hojas de un libro de oraciones, único bien que sus padres le dejaron en tan penoso confinamiento. Para escribir en sus páginas, con una astilla de madera se pinchaba un dedo, utilizando a falta de tinta, su propia sangre.
 
Aún hoy, hay quien dice, que el fantasma de una hermosa joven rubia y de ojos claros, pasea su tristeza por las salas del Palacio de los Vélez, quizá deseando encontrar al plebeyo enamorado, al que nunca ha podido olvidar, a pesar de los siglos transcurridos.