La Judería de Jaén

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Jaén y la edad de oro de los judíos españoles

La estratégica situación de Jaén en el Alto Guadalquivir, como paso hacia Andalucía desde Levante y la Meseta, ha favorecido a lo largo de los siglos un permanente intercambio cultural entre distintas civilizaciones. Este tradicional sentido de la tolerancia explica la temprana presencia del colectivo judío en la capital andaluza, documentada por primera vez en el año 612, pero seguramente muy anterior. Desde tiempos remotos los hebreos jiennenses convivieron presumiblemente con romanos, con visigodos (primero arrianos y después cristianos), con musulmanes y, de nuevo, con cristianos, hasta la expulsión de finales del siglo XV. 

La relevancia de la judería de Jaén está representada de manera muy especial en la figura de Hasday ibn Shaprut, consejero de los califas de Córdoba, impulsor de la poesía hispano-hebrea y precursor, en el siglo X, de la llamada “Edad de Oro de los Judíos españoles”; sus relaciones con el reino judío de los Khazaros o la introducción en Al Ándalus de las academias rabínicas de inspiración oriental le otorgaron una merecida fama de hombre universal. En el siglo XI, como parte del reino zirí de Granada, Jaén conservó su impronta de ciudad de sabiduría, y ese mismo espíritu de comunicación entre diferentes comunidades se mantuvo con la llegada de los cristianos.

Las persecuciones de 1391 significaron, sin embargo, el principio del fin de una etapa de colaboración entre las tres grandes culturas medievales, transformándose la aljama en un barrio de judeo-conversos que pasó a denominarse barrio de Santa Cruz. El amor de los judíos jiennenses por su ciudad (muchos de los cuales prefirieron convertirse falsamente, manteniendo en secreto sus ritos hebraicos) y su resistencia a abandonarla, propiciaron la pronta instalación en Jaén, en 1483 (el tercero después de Sevilla y Córdoba), del tribunal de la Santa Inquisición, coincidiendo con el decreto de expulsión de los judíos andaluces. La bellísima catedral renacentista jiennense acogió, durante mucho tiempo después, a numerosos conversos que ejercieron como administradores, a pesar de que aquí se forjó el espíritu de los Estatutos de Limpieza de Sangre y de que en la misma plaza que preside la iglesia mayor se celebraron no pocos autos de fe.

El espacio tradicional de la judería de Jaén se localiza entre las actuales calles de San Andrés, Huérfanos, Los Caños-Arroyo de San Pedro y Martínez Molina, formando parte del adarve de la vieja ciudad amurallada; un apretado grupo de casas y un trazado típicamente musulmán conforman este barrio, comunicado con el exterior únicamente a través de tres salidas, una de ellas la puerta de Baeza. Adosada al convento de Santa Clara estuvo la sinagoga y la casa de Ibn-Shaprut se localiza frente a la casa del Cadí, en la plaza de la Magdalena. Los imponentes baños árabes de Jaén, del siglo XI, los más grandes conservados en España, a los que se accede por el patio del palacio de Villardompardo, eran utilizados los viernes, día previo al Shabat, por los judíos; cerca de la iglesia de San Andrés debieron existir otros baños, conocidos como el Hammam ibn Ishaq (baño del hijo de Isaac), que eran de la misma época. La propia iglesia de San Andrés apunta en su estructura que antes de ser templo cristiano fuera sinagoga.

La plaza de los Huérfanos acoge hoy una gran menorah con una inscripción en castellano y en sefardita que recuerda: “Las trasas de ken anduvieron endjuntos nunca podrán ser albaldadas” (Las huellas de quienes anduvieron juntos nunca podrán borrarse”. Desde el año 2005, Jaén es miembro de pleno derecho de la Red de Juderías de España “Caminos de Sefarad”, una asociación pública sin ánimo de lucro que tiene como objetivo la defensa del patrimonio urbanístico, arquitectónico, histórico, artístico y cultural del legado sefardí en España. (www.redjuderias.org).

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