Monograficos - El Jaén Judio

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El Jaén
judío

Paseo por la
historia judía de Jaén

* Ruta diseñada por la Asociación IUVENTA Editada por la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Jaén
En esta Ruta por la Historia Judía de Jaén se ofrece al visitante un itinerario turístico-cultural tanto por el espacio que habitó esta comunidad medieval (la Judería), como por otros puntos del Conjunto Histórico de la ciudad que tuvieron una relación más o menos directa con la población hebrea local. Se ofrece además la oportunidad para, desde la óptica de un recorrido por la historia hebrea, conocer paralelamente otros monumentos de interés histórico-artístico que el visitante encontrará en su camino.
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 DE LA PLAZA SANTA MARÍA A LA CALLE MAESTRA
La “Ruta por la Judería de Jaén” que proponemos, comienza en la popular Plaza de Santa María, en la que imponente la Catedral de Jaén, edificada según trazas de Andrés de Vandelvira. Está considerada como uno de los mejores exponentes del Renacimiento Español y, actualmente, es candidata a la declaración como Patrimonio de la Humanidad. Esta Catedral, sin duda una de las más hermosas de España, está estrechamente relacionada con la persecución a que estuvieron sometidos los judeo-conversos jiennenses en algunas etapas históricas. En la misma plaza encontramos el Palacio Episcopal y el Ayuntamiento de Jaén, lo que configura este espacio como el centro por excelencia del poder local. En una de las capillas de la anterior Catedral gótica se exponían los sambenitos de los condenados por la Inquisición. Fue en una reunión de su Cabildo donde nacería el germen de los Estatutos de Limpieza de Sangre, que después se generalizarán en los dominios del Imperio tras la aprobación por el Cardenal Siliceo, en 1547, de los tristemente famosos Estatutos de la Catedral de Toledo. Dichos Estatutos tenían como objetivo impedir el acceso a determinados oficios y dignidades a aquellos que no acreditaran su condición de “cristianos viejos”, es decir, que no tenían ascendencia judía o musulmana. Merece la pena visitar el interior de este gran templo, que fue concebido por el arquitecto como un gran Relicario en el que guardar la sagrada reliquia del Santo Rostro de Cristo y donde se guardan también otros preciados tesoros. En varias de las escenas dedicadas al Nuevo Testamento, en la extraordinaria sillería del Coro, pueden verse imágenes de judíos con la característica “rodela”, un distintivo circular que servía para señalar a los miembros de la comunidad israelita en tiempos medievales y que se les obligó a portar en determinados periodos. La fachada exterior de la cabecera de la Catedral conserva un friso gótico en el que, mediante un discurso iconográfico de muy principios del siglo XVI, se representa a los judíos como un pueblo maldito que puede llegar a salvarse a través del bautismo y la fe católica. Este friso nace en un contexto territorial y político donde la Inquisición tiene una fuerte presencia en la ciudad de Jaén. De hecho en este mismo entorno catedralicio residieron Diego de Deza y Alonso Suárez, que ocuparon, paralelamente a su condición de Obispos de Jaén, el cargo de Inquisidores Generales. Igualmente, sabemos que a finales de 1502, el “Consejo de la Suprema y General Inquisición”, máximo órgano colegiado de la misma, mantenía sus reuniones en la posada del Obispo de Jaén. Por último debemos destacar que fue la plaza de Santa María uno de los lugares donde se desarrollaron los Autos de Fe del Tribunal de la Inquisición de Jaén, que se fundó en 1483, constituyéndose como el tercero de España, tras los de Sevilla y Córdoba, sin duda por el elevado número de judeoconversos que habitaban la ciudad. Continuando por la calle Maestra, en el margen derecho, encontramos una hermosa hornacina con un Crucificado, conocido popularmente con el nombre de “Cristo del Amparo”, el cual, según la tradición, se apareció en dicha pared cuando un grupo de judíos intentó profanar una procesión que marchaba hacia la Catedral.
La calle Maestra ha sido el eje principal del comercio de la ciudad hasta hace unas décadas, y fue espacio donde los giennenses de origen judío tuvieron gran parte de sus tiendas, comercios y oficinas en tiempos antiguos. No conviene dejar de transitar por alguna de las callejuelas que circundan la calle Maestra, especialmente la evocadora calle Arco del Consuelo, típico adarve medieval que hoy alberga algunas de las tascas centenarias más típicas de la ciudad. Volviendo a la calle Maestra, encontramos un edificio que actualmente acoge el Palacio Municipal de Cultura. Son los restos del que fuera Palacio de Don Miguel Lucas de Iranzo, barón, conde y condestable de Castilla en tiempos de Enrique IV. Con respecto a este destacado personaje de la historia local es conveniente aclarar que han sido varios los estudiosos que han sospechado del posible origen judeo-converso del Condestable. Entre otros indicios, los sábados se abstenía de realizar cualquier trabajo, en curiosa similitud con la celebración del shabat hebreo. El Condestable fue asesinado en la Catedral el 21 de Marzo de 1473 por "cristianos viejos", y se significó por su defensa del colectivo judeoconverso. Son de destacar en este Palacio los restos del denominado "Salón Mudéjar", Monumento Histórico-Artístico que cuenta con un hermoso alfarje, donde Miguel Lucas reunía a su pequeña corte. Frente a la puerta principal del Palacio del Condestable, encontramos la calle Madre de Dios, por la cual ascenderemos en busca del Arco de San Lorenzo. El Arco de San Lorenzo es lo que resta de la antigua parroquia homónima, de estilo gótico-mudéjar. Este edificio condensa en pocos metros cuadrados una gran cantidad de historia. Atendiendo al tema que nos ocupa en esta Ruta de la Judería, hemos de destacar que fue en esa antigua parroquia de San Lorenzo donde estuvo expuesto a la devoción popular, en sus primeros tiempos, el lienzo conocido popularmente como “Cristo de la Tarima”, que también aludía a una curiosa leyenda con la que se pretendía desprestigiar a la comunidad judeo-conversa que, como dijimos anteriormente, tenía en la cercana calle Maestra y aledañas sus tiendas y comercios. El Arco de San Lorenzo es Monumento Nacional y en su interior destaca especialmente la capilla de la planta baja, con unos hermosos azulejos moriscos y yeserías. En dicha capilla se encuentran enterrados Juan de Olid, secretario del Condestable Iranzo, y su esposa Isabel Rendelez. Actualmente es sede de la Asociación Cultural “Amigos de San Antón”. Volviendo a la calle Maestra, continuaremos en dirección hacia el antiguo barrio judío siguiendo la calle Martínez Molina, que se presenta como una continuación de la anterior.
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 Judería
Continuaremos nuestro camino hasta llegar a la altura de la calle San Andrés, que encontraremos a la derecha. En este momento comenzamos a visitar el espacio urbanístico de la ciudad vieja donde los judíos habitaron y que recibía la denominación de “judería”. Bajando esta calle encontraremos la fachada de la Iglesia de San Andrés, que parece fue una sinagoga, como nos recuerdan en su interior unos hermosos arcos túmidas, muy similares a los de otras sinagogas españolas. La propia sobriedad de la fachada a la calle San Andrés, parece evocar la normativa medieval que obligaba a los judíos a que sus sinagogas tuvieran un aspecto más austero que el resto de las iglesias de la localidad. La orientación al este del templo, su recoleto patio, etc., no parecen sino confirmar que estamos ante una de las antiguas sinagogas medievales de Sefarad. Incluso la inexistencia de fachada monumental a los pies del actual templo nos indica como la entrada y salida a las sinagogas medievales se realizaba por las paredes laterales, al objeto de no dar la espalda, al salir de las mismas, al muro Este, donde se ubicaba el tabernáculo en el que se guardaban los Rollos de la Ley Judía (Torá). Anexas al templo encontraremos una serie de interesantes dependencias que forman parte de la Noble Cofradía de la Limpia Concepción de Nuestra Señora. Igualmente a los pies de la iglesia está la “Santa Capilla”, capilla de la misma cofradía anteriormente mencionada, de fecha muy posterior a la construcción de la posible sinagoga. No podemos dejar de destacar la extraordinaria Reja que cierra la Santa Capilla, obra del Maestro Bartolomé, una joya de la rejería andaluza. Para conocer el entramado urbanístico del barrio judío de la capital, basta con acercarse a través del cercano Callejón del Gato a un conjunto de calles que solo cuentan con tres salidas al exterior, si bien actualmente no son totalmente visitables, ya que parte de las mismas se encuentran cerradas al tránsito, si bien se verán recuperadas en un futuro gracias a un Plan Especial para la Recuperación de la Judería de Jaén. Este conjunto de callejuelas cuenta en la actualidad con tres entradas o salidas, evocando los conocidos guettos medievales y recordándonos el privilegio que los monarcas concedían a los judíos (que eran súbditos reales), de poder cerrar sus barrios con puertas, especialmente por las noches, como medida de protección ante posibles ataques o revueltas. Las calles del Rostro y Santa Cruz, además del Callejón del Gato, o las cercanas de Los Huérfanos, Remojadero del Pescado, Real, y demás, forman parte del entorno del barrio judío de Jaén y su secular trazado sigue guardando, a pesar de las modificaciones sufridas en sus viales a lo largo de tantos siglos, la esencia del urbanismo característico de la antigua judería de Jaén. La Judería jiennense tuvo el carácter de Aljama, es decir, debió contar con sus propias normativas particulares y con edificios comunales tales como sinagogas, baño ritual (micvé), taberna para el vino kosher, escuela religiosa (Talmud-Torá), etc. Téngase en cuenta que la judería de Jaén estuvo habitada durante el siglo XIV por unas 1.500 personas, como se desprende de la documentación que nos traslada que el Rey Pedro I permitió el cautiverio de los trescientos cabezas de familia judíos de la ciudad, por parte del reino musulmán de Granada, durante las significadas luchas fraticidas con Enrique de Trastámara, a cambio de apoyo para su causa.
Ello supuso una durísima prueba para la judería de Jaén, de la que parece pudo rehacerse rápidamente, pues a finales del siglo XIV aparece citada en el Padrón de Huete, junto a otras juderías del Reino de Jaén, pagando en conjunto unos tributos no muy distantes de los de la destacada judería cordobesa. Tras las graves persecuciones de 1391 contra los judíos españoles, al igual que ocurrió en otras muchas juderías del país, el barrio hebreo giennense se convirtió en un barrio de judeo-conversos. Una de sus sinagogas se transformó en iglesia de Santa Cruz, en la que solo se celebraba culto cada tres meses, en una muestra del escaso interés de los clérigos hacia los habitantes de la zona. Es visita obligada en este entorno la plaza del Doctor Blanco Nájera, popularmente conocida con el nombre de plaza de los Huérfanos. En la misma se alza una gran Menorá (candelabro judío de siete brazos), monumento a los judíos expulsados de España en la Edad Media. En dicho monumento se recoge una inscripción en castellano y en judeoespañol o sefardí, la lengua castellana que estos judíos han conservado durante siglos en los países donde se asentaron a lo largo de toda la ribera mediterránea. Igualmente, en esta misma plaza, existe un puente sobre los restos arqueológicos de una antigua puerta de la muralla medieval , la puerta de Baeza, que era la comunicación de la judería giennense con el exterior de la urbe. El puente simboliza, además del paso de los judíos para entrar o salir de su barrio, un puente entre culturas diferentes que un día convivieron juntas. Igualmente se conservan en el subsuelo restos de las murallas y de una torre de dicha puerta de Baeza. Con respecto a la Menorá mencionada, es la primera que se ubicó en una vía pública de España.
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 SALIENDO DEL BARRIO JUDÍO. DE LA PLAZA SANTA LUISA A LA PLAZA DE LA MAGDALENA
Volviendo sobre nuestros pasos por la calle de San Andrés hasta la calle Martínez Molina, continuaremos nuestro camino hasta la Plaza Santa Luisa de Marillac, conocida popularmente como la “Plaza del Pato”. En esta plaza se yergue evocador el antiguo Palacio de Don Fernando Torres de Portugal, Virrey del Perú y Conde de Villardompardo. Se trata de un inmueble de estilo renacentista y edificado sobre unos antiguos Baños Árabes del siglo XI. Es aconsejable la visita al interior, que alberga un interesante Museo de Artes y Costumbres Populares, un Museo Internacional de Arte Naif y muy especialmente, los antiguos Baños Árabes que se encuentran bajo el Palacio y cuya rehabilitación mereció el premio Europa Nostra de Restauración en 1984. El Baño Árabe o hamman de carácter público, como este caso que visitamos, contaba con una serie de turnos para hombres y mujeres, pero también para los distintos credos religiosos que habitaban en las ciudades hispano-musulmanas y luego castellanas. Concretamente la población judía los utilizaba los viernes, día de precepto en el Islam y previo a la festividad del sábado hebreo (shabat), día dedicado prácticamente en exclusiva al estudio y oración. Existe constancia de que en Jaén existió otro Baño Árabe, de la misma época que el de este Palacio de Villardompardo, cuyo propietario era un judío. Esto se sabe en base al nombre del mismo, el “Hammam ibn Ishaq”, o lo que es lo mismo, “Baño del Hijo de Isaac”. Este Baño al parecer se encontraba en las cercanías de la iglesia de San Andrés, como sabemos posible sinagoga, de ahí su cercanía con este baño. Los restos arqueológicos del mismo están pendientes de ser puestos en valor en un futuro no lejano. Fue bastante habitual durante la Edad Media que existieran hammanes en las juderías. A cincuenta metros, siguiendo la calle Santo Domingo, encontramos el edificio del Real Convento de Santo Domingo, lugar donde se ubicó el Tribunal de la Inquisición de Jaén, que tan ligado está a la historia judía de la localidad. Téngase en cuenta que los primeros cincuenta años de la Inquisición Española tuvieron como objetivo fundamental la persecución y control de los posibles judaizantes. Destaca su magnífico claustro, el mejor de la provincia, y su iglesia, en proceso de rehabilitación. Continuando por la misma calle de Santo Domingo, a unos ciento cincuenta metros, encontramos la plaza de la Magdalena. La parroquia de la Magdalena conserva los restos de un antiguo shan o patio de abluciones, pues este templo fue una de las mezquitas de la antigua ciudad musulmana, población que fue conocida con el nombre de Medina Yayyan. En esta misma plaza encontramos un edificio con soportales, que la tradición considera los restos de la antigua Casa del Cadí y, muy cerca de ésta, junto a la fuente de la Magdalena, la tradición local ubica el solar donde antaño se encontró la casa de los “Ibn Shaprut”, una de las familias judías más importantes de la historia de España. En ese espacio y en la casa actual encontramos en la fachada un “Maguen David” (Estrella de David), que aún siendo de origen incierto no debe tener en principio ninguna relación con el hecho que comentamos, aunque nos sirve para localizar el espacio que tratamos. Según la mencionada tradición en este solar estuvo la residencia de dicha familia y vivió durante su infancia el célebre cortesano hebreo Hasday ibn Shaprut, natural de Jaén, uno de los más importantes personajes de la España Judía y punto de inicio de la Edad de Oro del Judaísmo Español. Fue sabio entre sabios, mecenas de la cultura más allá de las fronteras de Al-Andalus, impulsor de la Escuela de Filología Hebrea de Córdoba, redescubridor de un antiveneno denominado “triaca”, traductor del Tratado Médico de Dioscórides junto a un monje bizantino, médico personal de los
califas Abderramán III y Al-Hakam II y, por encargo de éstos, del rey Sancho el Craso de León. Además ostentó los cargos de jefe de las aduanas andalusíes, y secretario de cartas latinas, entre otros. Una vida extraordinariamente polifacética y colmada de hechos destacados. De hecho fue el “Príncipe de los Judíos de Al-Andalus”, categoría personal que le permitió mantener correspondencia con emperadores y reyes extranjeros y convertirse en el más firme baluarte de una gran parte de la comunidad judía a nivel internacional. Su padre, Isaac, ya fue un acaudalado judío de la ciudad de Jaén que, incluso, llegó a sufragar la construcción de una sinagoga en la localidad y tuvo como secretario personal a uno de las más célebres poetas hispanojudíos, Menahem ben Saruq, que posiblemente también residió en Jaén. Muy cerca de esta casa, en la misma acera y frente a la fachada principal de la Iglesia de la Magdalena, encontramos la fuente de la Magdalena, nacimiento de aguas milenario donde, según la tradición, habitó el legendario Lagarto de la Magdalena, popularmente conocido como “Lagarto de la Malena”. Según esta popular leyenda, una enorme Sierpe o Dragón tuvo asustada a la población durante mucho tiempo, hasta que un valiente pastor, con una planificada artimaña, consiguió matarlo haciéndole ingerir una sustancia explosiva que provocó un reventón tan grande que aún permanece en la memoria colectiva de los giennenses. Se trata del mito mediterráneo del Dragón, en una leyenda local que, según algunos estudiosos, tiene orígenes indo-mesopotámicos y guarda una gran pureza con respecto a las versiones originales. El mito pudo llegar a Jaén de manos de los primeros prospectores y comerciantes sirio-fenicios o judíos. Está catalogada como uno de los 10 Tesoros del Patrimonio Inmaterial de España y propuesta por tanto como candidata para su declaración por parte de la UNESCO como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Desde esta plaza, vivo ejemplo de la España de las Tres Culturas, invitamos al visitante a seguir conociendo la ciudad desplazándose hasta el Castillo de Santa Catalina, situado en la cima del monte del mismo nombre y que alberga en su interior un divertido e ilustrativo Centro de Interpretación Turística, un hermoso Parador Nacional y unas extraordinarias vistas desde el Mirador de la Cruz. Si disponen de tiempo suficiente, no duden en visitar otros monumentos y rincones de la ciudad, especialmente el Museo Provincial, donde en su sala de hispano-musulmán el visitante encontrará un posible puntero judío para la lectura de la Torá (Rollos de la Ley Judía) y un amuleto cabalístico con texto hebreo y una efigie de Jesucristo en el centro, símbolo de la mezcolanza cultural de la que esta ciudad es muestra palpable. Y por supuesto, en dicho Museo, encontrarán muchas más piezas de destacado interés, como las colecciones escultóricas íberas más importantes de la península. Sea cual fuere la decisión adoptada en su visita a Jaén, recuerden siempre durante su estancia en la ciudad que los judíos jiennenses estuvieron estos espacios, pisando las calles y olivares que hoy observamos a nuestro alrededor. Jaén fue uno de los lugares “onde los sefaradim moravan” (donde los sefardíes vivieron), y por ello todavía encontramos familias sefarditas que, a pesar de los más de quinientos años transcurridos desde la expulsión de las comunidades hebraicas españolas, siguen conservando la tradición de su origen giennense, como los D´Jaen, Djaen, Kaen u otros como los Marrache. Familias y personas que siguen regresando al terruño ancestral en busca de una identidad incompleta, buscando conocer el solar de sus ancestros y, donde a la vez, los actuales giennenses se reconocen a sí mismos como descendientes de muchos de aquellos judíos que se convirtieron al cristianismo y que, entre los siglos XV y XVI, llegaron a alcanzar entre el 8 y el 10% de la población local.